Tokonar
oyó un ruido, un chasquido y silencio, seguro de haber matado a su
presa entreabrió las malezas y encontró a un guanaco hembra que
agonizaba rodeada de tres pequeños guanacanos (sus crías) .
Comprendió que sin su madre morirían, pero ya era tarde. Recordó lo que
aquel viejo le dijo un día ..... Tokonar, cacique, todos
sabemos que eres el mejor cazador, pero no mates porque sí ;
porque si todos hicieran eso en poco tiempo nos quedaremos sin animales.
Entre tinieblas apareció la figura de la Pachá Mamá, la tierra
madre que le dijo ....
Tokonar
has despreciado las leyes de la naturaleza y tus descendientes sufrirán
las consecuencias de tu error.
Tokonar huyó a su campamento, pero un viento huracanado lo envolvió
y quedó sin sentido.
Encontró los campos desiertos, el viento y el calor habían
arrasado los frutos y las cosechas. Ese año la tribu quedó sin
alimentos para subsistir.
Así es la leyenda del viento que recorre los Andes.
Cada vez que sopla el Zonda, los habitantes de los valles, recuerdan
la necesidad de respetar la vida de los animales que Pachá Mamá les
entregó generosamente.